A los 45 años de edad, Marcel Leonardo Quintero Contreras, es reconocido en el Hospital Universitario Erasmo Meoz como un excelente cirujano torácico y un ser humano cordial, amable con pacientes y compañeros de trabajo. Nació en Ocaña donde su infancia y adolescencia estuvieron colmadas de alegría, deporte y amor a la academia. En ese entorno siempre estuvieron sus padres, sus tres hermanos, amigos y vecinos. Toda una red de afecto y juego que le garantizaron unos años inolvidables. Estudió su primaria y su secundaria en el Colegio Francisco Fernández de Contreras y cuando se graduó de bachiller dejó su terruño para ir a la capital colombiana a estudiar Medicina en la Pontifcia Universidad Javeriana. Graduado de médico retornó a Ocaña para trabajar tres años, mientras se preparaba para alcanzar otro logro: ser cirujano. Se preparó en la especialidad de cirugía general por cuatro años en su alma mater. Luego se quiso formar como cirujano de tórax y, para conseguirlo, entró a la Universidad El Bosque y al Hospital Santa Clara.
Su trayectoria académica impecable es la retribución a sus padres, un par de docentes que no solo lo impulsaron a formarse, sino que también apoyaron económicamente sus aspiraciones. Cuando habla de sus progenitores no deja de sentirse agradecido por el respaldo que le dieron y enfatiza en que les heredó el gusto por la docencia, por eso ha sido profesor en la Universidad de Pamplona, la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud y la Universidad Metropolitana. Una enfermedad se llevó hace cinco años a su papá y esa ausencia la sobrelleva con su mamá que sigue siendo una de sus inspiraciones y motivaciones diarias. Está casado con Tulia Copete y tiene tres hijos, hoy de 4, 8 y 9 años. Ese hogar es para él su nuevo tesoro, invaluable, que le genera ánimo para seguir afrontando las difcultades cotidianas, los retos en su trabajo y para seguir viviendo felizmente cada minuto de su existencia.
Su tiempo libre es para su familia, aunque también para escuchar música, especialmente salsa, merengue, retro, o para ir al gimnasio, otro de sus pasatiempos preferidos. Es católico practicante, especialmente en la vocación por ayudar a sus semejantes, es decir, sirviendo al prójimo. “Siempre trato de hacer las cosas con mucho amor, me esfuerzo por ser auténtico y procuro ser feliz. Soy ‘un instrumento de Dios’ y por eso quiero siempre dejar huella, pero no para ser protagonista, sino para aportar al servicio de los demás, especialmente a través de mi campo profesional”.
